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Sábado 17 de enero El día que recuerda que la vida no solo se entiende… se saborea.

Hay un placer sencillo que no depende de grandes planes ni de permisos externos. Un placer que aparece cuando estás realmente presente.

Muchas veces confundimos placer con exceso y presencia con pasividad. Pero el sábado propone otra cosa: disfrutar sin escapar.

Un café caliente entre las manos. Una respiración profunda. Un gesto lento. Un instante en el que no tienes que demostrar nada.

El placer simple no distrae. Ancla.

Te devuelve al cuerpo, al ahora, a la certeza de estar vivo sin necesidad de ir a ningún sitio.

Hoy no te exijas aprovechar el día. Permítete habitarlo.

Porque cuando el placer nace de la presencia, el descanso es real y el alma se recoloca en su sitio.

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